• Cualquier persona puede comentar ahora en Falsa libertad sin registro

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    Chitauri

    Chitauri

    Soy un juerguista impenitente enamorado en secreto de la vida monacal. Un ensimismado cotidiano ante las manifestaciones de la bizarra realidad.

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  • EL UNIVERSO Y LOS DIEZ MANDAMIENTOS

    Toca un nuevo articulo, pero esta vez no es mío sino de Ricard Jiménez García, alguien con quien coincidí en el mundo digital.

    El articulo es una critica al método científico


     

    EL UNIVERSO Y LOS DIEZ MANDAMIENTOS

    La manera como

    Para los pensadores antiguos la ciencia nunca fue un sistema de creencias sino que, para ellos, tan sólo se trataba de una herramienta. Ellos siempre pensaron que la mente independiente no podía ser restringida a ningún tipo de metodología. Hoy día, hemos olvidado esta parte de su legado y es que (desafortunadamente) con demasiada facilidad olvidamos el pasado.

    “Me dijeron que estaba loco y luego dijeron que mi teorema demostraba la existencia de Dios”

    Kurt Gödel

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  • Las ideas

    Pensar dentro de nosotros mismos

    Las ideas son muy poderosas, porque muchas veces piensas que las tienes para usarlas, pero en realidad te usan a ti; que es la sutil diferencia entre utilizarlas para el pensar y que ellas se conviertan en el pensar; es la difícil distinción entre desarrollar ideas y la ideología. Es la diferencia entre contemplar las ideas como una aproximación al conocimiento del mundo, o considerarlas como la verdad del mundo, que corresponde respectivamente con no estar apegado a ninguna, utilizando todas, incluso destruyendo todas; o estar apegado a unas en confrontación con otras.

    Es la diferencia entre jugar con las ideas o estar dentro del juego de las ideas.

    Es la diferencia entre usar las ideas y necesitarlas para ser. Las ideas del ser o ser las ideas.

    Es creer más en las ideas que en ti mismo, o cuando las emociones naturales de tu ser son suplantadas por las emociones que te proporcionan las ideas.

    Las ideas son esa cosa de la confluencia del pensar y el sentir de los seres.

    Se convierten en ideas que nos poseen, cuando el mundo se reduce a lo que nosotros pensamos y sentimos.
    Las ideas así percibidas, siempre se refieren a nosotros como el mundo, pues están tan centradas en lo que nos pasa que se transforman en la verdad del mundo. Y las ideas que se tienen como la verdad del mundo son las ideas que nos poseen.


  • Gentes… la sociedad… ha muerto

    El conjunto de leyes que regulan la sociedad, es comprendido como las normas de ordenamiento jurídico, que siendo aplicadas correctamente, mantienen un ambiente social estable propicio para el bien común. A las leyes así entendidas se les atribuye el buen funcionamiento de la sociedad, y se las presume la razón principal para agregar las condiciones idóneas del entendimiento social.

    La convicción de que la legislación hace funcionar la sociedad, afianza el pensamiento de que las leyes son la sociedad, y que sin legislación no habría sociedad. Es fácil deducirlo, porque en general las personas no conciben una comunidad sin leyes, y les es imposible la visión de una sociedad sin unas reglas sociales que enderecen las conductas.

    En resumen, la gente es educada en la idea que hace corresponder la legislación, con la maza que modela la formación y cohesión de la sociedad.
    Sin embargo la sociedad tiene otro significado, y el origen de su formación es otro.

    El significado de ‘sociedad’ según la RAE en su segunda acepción dice: “Agrupación natural o pactada de personas, que constituyen unidad distinta de cada uno de sus individuos, con el fin de cumplir, mediante la mutua cooperación, todos o alguno de los fines de la vida.”
    Quitando en la definición de ‘sociedad’ la desviación hacia el convencionalismo de sociedad pactada con reglas, para separar el motivo de la sociedad de otras consideraciones; entonces se entiende que la finalidad de la sociedad en cada uno de sus miembros es únicamente vivir, o existir, mediante la cooperación.

    La sociedad es la mutua cooperación que decide cada persona individualmente para lograr el objetivo particular de existir, de vivir, y que une a los individuos. De hecho si los seres humanos no decidieran como seres individuales que son, la sociedad no tendría sentido para formarse.
    Contrariamente a lo que se cree, la sociedad no contiene el propósito de la vida, eso sólo pertenece al individuo; y la causa del origen de la sociedad es una decisión que toma el individuo según sus propósitos individuales de existencia.

    En conclusión, la sociedad se gesta desde la individualidad de cada persona, y la voluntad que une a las personas en una comunidad de cooperación, surge de su propia individual.
    La sociedad que no está hecha desde la decisión propia e individual de la gente, es cualquier otra cosa menos una sociedad, porque el pilar que forma la sociedad es la autonomía de los individuos para decidir sobre su vida, y así cumplir con sus necesidades existenciales.
    Además no tiene sentido la formación de un grupo social, donde el núcleo de su formación no es el individuo, porque precisamente son las necesidades vitales que pertenecen sólo a cada ser individual, el fundamento que une a las gentes para cooperar.

    El individuo y su interés de existir, es el origen de la formación de la sociedad.

    La sociedad es la relación entre las gentes, apoyándose físicamente y emocionalmente, que devuelve una sonrisa de esperanza y seguridad a cada persona, en su propósito de continuar viviendo.

    La sociedad nace de las necesidades vitales de cada persona independiente, que es la cualidad que une a las personas, cuando cada una siente el apoyo de la compañía del otro. El pegamento que forma la sociedad es cada persona; es su libertad de decidir, sin condiciones, sin ser influida por ideologías y, sin la coacción de castigos o premios. La sociedad emerge de la voluntad innata de naturaleza salvaje que tiene individualmente cada ser vivo.

    La sociedad no son unas leyes de convivencia, porque la realidad de la sociedad tiene su origen en cada persona, y las leyes son exteriores a una relación y decisión libre e independiente de las personas. La sociedad no se consolida con leyes, o con un modelo de pensamiento, o de actuar; sino con las emociones salvajes singulares de las gentes. El corazón salvaje que habita en cada ser es la fuerza que une a las personas en grupos sociales.

    La verdadera razón de que funcione la sociedad es el sentir vital inherente a la individualidad de cada persona.
    La sociedad no funciona, cuando las personas pierden el apoyo de cooperación en los demás, y se rompen porque el sujeto independiente no obtiene una respuesta inequívoca de colaboración en el resto de personas.

    La competición y la indiferencia por el otro, en las correspondientes relaciones es un signo claro de una sociedad rota.

    Las legislaciones es otra muestra de una sociedad inexistente, pues nos protege del resto de personas y también es una sociedad que se protege de nosotros. Cuando todos se protegen del resto, no hay una sociedad, sino unas leyes que esconden en el castigo que obliga cumplir unas reglas, el medio para resguardarse de la violencia mutua.
    Las leyes son una dictadura que se imponen por la fuerza del castigo y del premio, no nacen como lo hace la sociedad.

    Sí, la sociedad de los hombres está rota, y aunque queden pequeñas muestras de la autentica sociedad que nace del corazón salvaje de cada ser, en términos generales es como si hubiera muerto.
    La sociedad ha desaparecido, debido a que el ser individual que decide sobre su vida también ha desparecido, y porque la sociedad y el individuo libre se destruyo en cada decisión de conquistar la realidad del mundo, a través del poder y fuerza que obtenían los hombres al estar unidos.

    La solución para el renacimiento de la sociedad está en recuperar al ser individual y recapitular sobre el camino humano de conquistar el mundo, cambiándolo por conocer el mundo.